Igual es diferente

diciembre 27, 2009

Hombres, mujeres y educación física. De Joseba Etxebeste

Filed under: Deportes,Educación,Igualdad mujeres-hombres — nosotrasiguales @ 8:41 pm
700 Deportistas en Chimkowe durante Tercera Fe...
Image by Municipalidad de Peñalolén via Flickr

Joseba Etxebeste para Igual es Diferente

HOMBRES, MUJERES Y EDUCACION FISICA

El profesor camina entre las filas de pupitres, los estudiantes extienden mecánicamente la mano y olfatean el folio que les entrega. La experta mirada vaga inquieta entre el bosque de brazos que se repliega nada más pasar entre ellos. El texto carece de título, no es lo habitual. El académico sabe que, por una vez, es preferible dejar de lado a los grandes autores y concentrarse en lo cercano, en lo vivido, en su propia experiencia. Mostrarse desnudo frente a sus discípulos, con sus pasiones, sus fantasmas, sus monstruos. Mostrar cómo los actos más simples delatan lo que somos. El silencio se impone en la sala y los ojos leen sobre la pretérita vida del maestro.

“Mi profesor de gimnasia era un tipo bajito, fornido, autoritario. Miraba al grupo desde la lejanía, controlándolo, verificando que las órdenes se cumplían. Resaltaba la rectitud de su porte, su postura. Mantenía el pecho hinchado y el vientre plano, incluso cuando caminaba, siempre en posición de firmes. Esa actitud corporal era el estandarte de su oficio, la idealización de una manera de ser en el mundo y de un quehacer profesional. A los que destacábamos en la asignatura nos miraba con ojos cómplices, confiando en que pudiéramos seguir esos cánones, parecernos a él en el aire que emanaba. Tenía formación académica, no era un cateto, se expresaba con corrección, estudió en la Escuela de Mandos José Antonio, la máxima titulación en Educación Física de la época. Sus clases seguían los patrones técnicos de la gimnástica: rigidez en las formaciones y movimientos y un control de los momentos de ejecución. Nos ordenaba en filas y a su voz saltábamos el potro, abríamos y cerrábamos piernas y brazos, corríamos 50 metros. La autoridad del silbato marcaba el final de la clase, sin sermones ni moralinas, ya había tomado nota mental del rendimiento de cada cual. Aquellos invisibles apuntes y el recuerdo de unas pocas marcas deportivas servían para realizar una evaluación azarosa que carecía de referencias precisas. Era de agradecer que la gélida distancia entre nosotros no se agrandara aún más con la difusión de la propaganda ideológica del “movimiento” franquista.

En aquellos convulsos años tras la muerte del dictador, compartíamos con un colegio femenino el pabellón Ruiz de Alda de Pamplona. El grupo de chicas se movía como una sola unidad bajo las consignas de un militar retirado, bajito, tripudo, de porte envejecido y movimientos ágiles. Todo estaba organizado para que no nos cruzáramos y para que no nos confundiéramos; ellas identificadas con una camiseta blanca y una pantaloneta de fieltro azul, y nosotros con un pantalón corto rojo y una blanca camisola. Nunca hablamos con ellas, ni ellas con nosotros, nunca tuvimos ocasión de acercarnos a menos de un grito de distancia. Mi retina recuerda bien la ayuda mecánica que aquel hombre realizaba en las caderas de las jóvenes para  facilitar la voltereta sobre el caballo gimnástico. En el sudoroso vestuario, las críticas y el desprecio de mis compañeros hacia el militar jubilado reflejaban la frustración de una relación que se nos negaba.

El devenir de los años quiso que compartiera el oficio con aquellos dos hombres, convertirme en uno de tantos profesionales que a punta de silbato orientan las vidas, antaño separadas y uniformadas, de los cachorros humanos. Lo que en otro tiempo era “gimnasia” comenzó a denominarse “educación física”. Con la ligereza que da la juventud, pensábamos que conseguiríamos cambiar las cosas, que la formación corporal iba a constituir una parte insustituible de la educación escolar. Pero… ¿Con qué herramientas íbamos a materializar el cambio? Si analizamos la formación universitaria que seguimos, afirmaremos que es gracias a un conocimiento más profundo del cuerpo humano y por el manejo de unas técnicas deportivas administradas de la forma más amena posible. Esto es bueno o malo para la coordinación, para el crecimiento, para la espalda, para el stress; como el médico que administra recetas, los profesionales de la motricidad gestionamos las actividades deportivas adecuadas para la población. La capacidad profesional se valora por el encanto personal y el vínculo que se establece entre los ejercicios propuestos y la salud del individuo. Impulsados con el empuje del cuerpo médico, se inicia una medición de las capacidades motrices de la población y se colocan en las manos de los profesores de educación física unas tablas con medidas de salto, resistencia, velocidad y su correspondiente percentil estadístico. Si un joven aguanta sujetándose a una barra 45 segundos sin que la barbilla se mueva se le asigna una nota: a más tiempo, mejor calificación. ¡Impecable! ¡Racional! Se arregló el problema de la evaluación: las tablas de medidas son la solución, podemos asignar una calificación normativa de gran precisión. Pero avanzamos todavía más allá. Como los cuerpos de los hombres y de las mujeres son diferentes, se pueden distinguir dos medidas, dos baremos distintos, uno para cada sexo. Lo bueno, normal, saludable, se extiende en el patio de la escuela, posibilitando que las diferencias entre hombres y mujeres no vean mermadas la posibilidad de la excelencia: un record para cada sexo siguiendo la lógica olímpica”.

Las cabezas se levantan y un murmullo envuelve la pregunta que marca el inicio del debate.- ¿Es esta educación física el motor de un cambio social que busca el equilibrio de poder entre hombres y mujeres? ¿Es esta la idea que tenemos de la coeducación? – espeta el docente.

Una buena estudiante, jugadora del equipo femenino del Atletic, no duda en tomar la palabra. – Creo que la historia que se cuenta en el texto es reflejo del avance que se ha producido en la sociedad vasca en los últimos años. Y es importante que los chicos y chicas hagan las clases juntos y que acepten las diferencias que existen entre ellos. Es bueno que el sistema escolar sea capaz de evaluar esas diferencias de género, si no las mujeres estamos siempre condenadas a un segundo plano.

– ¡Eso no se sostiene! – arranca Natxo, uno de esos muchachos que se despiertan exaltados.- Cuando yo iba al instituto había chicas que ni se esforzaban ni tenían ningún interés en educación física. Y con los baremos normalizados sacaban notas absolutamente inmerecidas, mientras que nosotros teníamos que esforzarnos mucho más para un logro menor.

El profesor que no quiere que la guerra de los sexos se reproduzca en su clase reorienta el debate: – ¿Y como creéis que podemos avanzar para superar estas contradicciones? Somos la única asignatura que hace eso en la escuela. ¿Cómo evitar el uso de la doble barra de medición en educación física?

– Podríamos cambiar las pruebas de evaluación. En vez de intentar medir la capacidad corporal… podríamos medir otras cosas- responde el muchacho.

– ¿Qué cosas podríamos medir?- interroga el profesor mirando a los jóvenes universitarios. No hay respuesta, no es tan fácil, y él lo sabe. – Pues…intentar medir la inteligencia motriz y no las capacidades corporales- concluye paciente el maestro.- Qué interés tienen medir lo que salta, lo que mide, lo que pesa un joven; concentrémonos en evaluar lo que aprende. La cuestión principal a resolver es el interés y la aplicación que esos conocimientos tienen en la vida cotidiana. Los juegos, los deportes o los ejercicios en educación física son cosas que se aprenden, como lo son los logaritmos o el teorema de Arquímedes. Un niño no sabe nadar y lo aprende en la escuela. Una niña no sabe patinar y lo aprende con ayuda de sus compañeros. Esa es la clave de la educación física: la elección de la tarea motriz a enseñar.

Los jóvenes están acostumbrados a reflexionar en estas clases, a cuestionar las respuestas. Saben que el profesor nunca da la respuesta completa, solo la punta del ovillo que les va a permitir deshacer el nudo. – Pero… la inteligencia motriz no soluciona inmediatamente el problema de la separación entre hombres y mujeres- afirma Natxo. – Yo soy bastante malo jugando al fútbol, y aunque Nekane juegue en el Atletic, lo tiene muy difícil para regatearme, para ganarme un balón, para rematar de cabeza. Estamos obligados a hacer dos ligas de fútbol: una para hombres y otra para mujeres si queremos que ellas jueguen.

– Es cierto lo que dices. Pero… ¿sabías que hasta hace poco existían en Estados Unidos dos ligas de béisbol: una para negros y otra para blancos, y que los defensores de los derechos civiles pelearon por la existencia de una única liga profesional sin discriminaciones de raza? ¿No somos los hombres y mujeres capaces de aliarnos para cambiar todo esto?

– Pero estamos igual que al principio con los baremos- responde Nekane.- Tener en cuenta la inteligencia motriz no cambia las capacidades motrices de los hombres y de las mujeres: ellos corren más, pesan más, son más altos, más rápidos. No podemos hacer nada cuando las chicas nos enfrentamos contra ellos. ¡Estamos condenadas a ser una comparsa en los deportes de los hombres si no separamos las ligas¡

– ¡Has dado en la diana! Los deportes de los hombres son creaciones culturales para la gloria de los hombres. ¿No podemos inventarnos otros juegos donde los hombres y las mujeres estemos más igualados y sea la capacidad individual, con independencia del sexo, la que discrimine al vencedor? ¿Creéis acaso que un chico es mejor conductor de coches que una chica? ¿Pensáis que la fuerza de los brazos o el nivel de testosterona les hacen mejores conductores que las mujeres?- El profesor escucha el ruido de las ideas renovadoras en el aire-. ¿Qué es, Nekane, lo que hace que un piloto de carreras sea mejor que otro?

– Su inteligencia motriz, su capacidad en la toma de decisiones- responde convencida recogiendo los papeles en su carpeta. La sirena marca el final de la clase y los alumnos vuelven a un mundo injusto sabiendo que la educación física es un arma de doble filo: puede reproducir el mundo o cambiarlo.

JOSEBA ETXEBESTE

joseba.etxebeste@ehu.es

UPV-EHU

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16 comentarios »

  1. La inferioridad física de las mujeres es un hecho que casi nadie cuestiona. Habrá que empezar a hacerlo.

    Comentario por Noe — diciembre 28, 2009 @ 11:34 am

  2. El uso del término “inferioridad” es cuestionable, quizás “diferente” sea más adecuado

    Comentario por vipetotj — diciembre 28, 2009 @ 11:39 am

  3. Buscar la igualdad de géneros es lo mismo que buscar la cuadratura del círculo, !no existe la equidad de géneros!. Además no es un problema que no exista, es una ley impuesta por la naturaleza, y que las especies han sabido adaptar a sus necesidades, y así efectuar el reparto de roles. Es cierto, que el reparto daba por echo que a mayor capacidad motriz, mayor inteligencia, no sólo motriz, ahí el error heredado.

    Si evaluamos capacidad motriz deberemos aplicar baremos distintos, ahora bien nunca deberíamos evaluar capacidad sino la mejora de la capacitación; del mismo modo que nunca deberíamos evaluar la inteligencia motriz, sino el aprendizaje de la resolución inteligente de tareas motrices. En definitiva no evaluar aptitud, sino actitud.

    Para terminar una reflexión y una cuestión;
    Primero la cuestión: Si la carrera la ganase la liebre, ¿quién debería aprobar? ¿la liebre o la tortuga?.

    Segundo la reflexión: En este momento tenemos un problema de sobrepeso en la población infantil, problema que evidentemente sólo arrastrará la clase de educacíón física…

    Comentario por Juan José Molina — diciembre 28, 2009 @ 3:21 pm

  4. Fe de erratas: Daba por hecho

    Comentario por Juan José Molina — diciembre 28, 2009 @ 3:23 pm

  5. ¿Y si la carrera entre la liebre y la tortuga se hiciera en el mar? ¿No protestaría la liebre? La cuestión está en la tarea: lo que se aprende en esa actividad.

    Comentario por vipetotj — diciembre 29, 2009 @ 1:16 pm

  6. Establecer el sobrepeso como gran problema de la actualidad infantil me parece descolgarse de la realidad. Siempre han existido diferencias en la consideración de los niños, una marginación dada por sobrepeso, inteligencia, belleza o color del chándal en las clases de educación física. Es injusto establecer el sobrepeso como el gran problema de la actualidad y que esto tenga su mayor relevancia en las clases de educación física. A ver si gracias a la inteligencia motriz podemos escoger tareas motrices que tengan como objetivo la capacidad de establecer respuestas en situaciones de incertidumbre en la comunicación motriz, y que los niños gordos y sus compañeros empiecen a preocuparse del establecimiento de relaciones sociales y no del tamaño de la barriga. Quizá la liebre sea más gorda en orgullo o incapacidad de cambio por su ciega velocidad que la tortuga.

    Comentario por Javi — diciembre 29, 2009 @ 9:52 pm

  7. Estoy deacuerdo con la ceguera emocional de la liebre, en mi opinión la verdadera revolución de la educación y de la educación física en particular reside en educar para saber gestionar el caudal emocional de las personas. La educaciñon física actual es todavía el reflejo de una sociedad que se mueve hacia posturas que tiene que ver más con lo emocional que con lo físico.Mas con la inteligencia emocional que con la motriz.
    Quizás la liebre no se prestaría a medirse emocionalmente con la tortuga pues posiblemente el resultado le sería desfavorable. La escuela actual no ha sabido encontrar el potencial que encierra la gestión de las emociones, que es al fin y al cabo el mayor aprendizaje que podríamos adquirir en esa etapa tan importantede la vida.
    La fábrica de ciudadanos infelices y descontentos que supone el actual sistema educativo es suficiente razón para dar un giro de timón y centrarnos en lo que verdaderamente importa.

    Comentario por Joseba — diciembre 30, 2009 @ 11:02 pm

  8. El texto quiere reflejar las ideas que tenemos sobre el deporte y la participación de los hombres y mujeres. Describe un mundo donde los cambios realizados no son todo lo profundos como que se podrían esperar. Muestra la dificultad que existe en cambiar la “realidad” por otra “mejor”. La inteligencia motriz, la inteligencia emocional, las relaciones sociales, los roles sociales, todo se materializa en cada clase de educación física. La conclusión es que el cambio exigible es tan grande y tan difícil de alcanzar que exige una revolución social de gran calibre. El papel que cada uno ha de cumplir en este cambio está en relación con su posición y función social. Y su coraje.

    Comentario por vipetotj — diciembre 31, 2009 @ 11:00 am

  9. Hablar de inferioridad física de las mujeres no deja de ser un error, mujeres y hombres tenemos diferentes capacidades, unos como cosencuencia de la biología otras de la cultura.

    Mi opinión es que los deportes que se cotizan y por lo tanto son los que priman en nuestra sociedad están hechos a la medida de los hombres. Son ejor pagados, tienen más aeptación social, etc, Tal vez lo que se deería plantear es por que las mujeres siguen sin ser conocdas en deportes en los que destacan.

    En cualquier caso no se trata de crear competiciones de si los hombres o las mujeres son más omenos capaces, sino de potenciar que toadas y todos podamos dearrollar mnuestras capacidades, físicas, mentales, etc, sin cortapisas.

    Ángeles

    http://brizas.wordpress.com/

    Comentario por angeles — enero 7, 2010 @ 4:02 pm

  10. Hola, Ángeles. A eso me refería cuando hablaba de “supuesta” inferioridad física. Quienes nos hemos molestado en aprender algo sobre el asunto, sabemos que no es así, pero a nivel de calle todo el mundo te dirá que las mujeres somos físicamente inferiores porque no tenemos fuerza ni resistencia ni … Nunca oirás que los hombres son inferiores porque no tienen flexibilidad. Sencillamente la flexibilidad no se valora y punto.
    Saludos y gracias a todo el mundo por participar.

    Comentario por Noe — enero 8, 2010 @ 6:56 am

  11. Existe desde mi punto de vista una cuestión de fondo a la hora de debatir sobre el papel del hombre y la mujer en el deporte que no hemos abordado. El deporte es competitivo porque la sociedad es competitiva; y viceversa, el deporte enseña a competir desarrollando una sociedad con valores competitivos. ¿Qué mundo queremos?¿Qué sociedad estamos construyendo através del deporte y de la educación física para los hombres y para las mujeres de hoy y de mañana? ¿Otro mundo es posible?¿Qué labor podemos hacer los profesionales de la educación física para cambiar la sociedad? Creo que sería, en la actualidad, un gran avance social si fueramos algo más conscientes del valor político-ideológico de la educación física.

    Comentario por vipetotj — enero 10, 2010 @ 9:48 am

  12. No todo deporte es competición. Las señoras que salen a andar después de comer no compiten a ver quién recorre más deprisa el bidegorri.

    Comentario por noemipastor — enero 10, 2010 @ 10:43 am

  13. Estoy contigo Noemi. Empecemos a valorar ese tipo de actividades en las clases de educación física. Muchas de las actividades físicas tradiconalmente “femeninas”, como saltar a la cuerda, el aeróbic o el caminar, no se basan en la competición. ¡Utilicémoslas mucho más de lo que se hace!

    Comentario por vipetotj — enero 10, 2010 @ 6:34 pm

  14. Muy buen articulo Joseba. Me quedo con los dos ultimos parrafos. Los deportes son creaciones culturales, y en la misma linea, para el disfrute y el exito social de hombre. Sin embargo, el reto no puede ser exclusivamente del area de la EF, ni tan siquiera de la escuela. El ordago es a mayor, cada uno poniendo su granito de arena.

    Comentario por Iban As — enero 11, 2010 @ 4:53 pm

  15. Está claro Iban que lo que está en juego es la sociedad que queremos. El blog nos permite reflexionar sobre la portación de la educación física en la escuela, del deporte extraescolar y de élite en la superación de las barreras discriminatorias, en la creación de una sociedad más democrática, más progresista. Otros pondrán otros granos de arena en otros ámbitos.

    Comentario por vipetotj — enero 12, 2010 @ 7:35 am

  16. Si en Educación Física hablamos de procesos individuales lss marcas pierden su sentido. Habrá que valorar el progreso individual en los diferentes dominios de la acción motriz. Estamos hablando de Educación Física, no de deportes. Aquí el profesor debería ser lo suficientemente competente para saber seleccionar aquellas actividades, que abarquen todos los ámbitos de la motricidad humana, para el mejor desarrollo de la conducta motriz de sus alumnas y alumnos.

    Comentario por Andoni — enero 19, 2010 @ 9:15 am


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